Es bastante frecuente encontrar anuncios en prensa en los cuales se demandan los servicios de empleadas de hogar para cuidar a personas dependientes a cambio únicamente de alojamiento y comida o de unos salarios muy por debajo de los marcados por la ley, con unas condiciones laborales y unos horarios casi infrahumanos.

¿Quién puede publicar este tipo de mensajes? Probablemente sean personas o familias que están atravesando una delicada situación económica y lo hagan por necesidad, pero desde nuestro punto de vista mal entendida. Porque, ¿qué garantías de profesionalidad puede ofrecer un trabajador no remunerado y sin ningún reconocimiento a su trabajo? Es evidente que será muy difícil que se implique, al no sentirse valorado, o que asuma la responsabilidad de cumplir fielmente sus funciones. En Ayuda Doméstica tenemos claro que este tipo de contrataciones suponen un gran riesgo, por lo que nuestro consejo es que si alguien no puede hacer frente a los costes que acarrea el cuidado de un dependiente, consulte con asuntos sociales para que le oriente e informe de los mecanismos que el estado prevé en estos casos, aunque en ocasiones puedan ser insuficientes.

La tranquilidad y la seguridad que proporciona un profesional en este campo no tiene precio, por lo que es conveniente que las familias hagan piña para compartir gastos; sus miembros vivirán mucho mejor sabiendo que la persona a cargo del mayor está plenamente capacitada y comprometida y que la agencia responsable del servicio está pendiente en todo momento de solventar contratiempos. En resumen, creemos que contratar a un cuidador de máxima confianza justifica con creces el esfuerzo económico que es preciso realizar.

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